TRATADO DE OBLIGACIONES. TOMOS I-IV (OBRA COMPLETA)

Editorial:
RUBINZAL - CULZONI
Año de edición:
Materia
Derecho civil
ISBN:
978-987-30-0810-8
Páginas:
2859
Encuadernación:
Rústica

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TOMO I
I. Introducción al derecho de las obligaciones
II. Elementos de la obligación
III. Clasificación de las obligaciones
IV. Clasificación de las obigaciones (continuación)
V. Clasificación de las obligaciones (continuación). Obligaciones de dar dinero
VI. Clasificación de las obligaciones (continuación). Obligaciones con relación al objeto
VII. Clasificación de las obligaciones (continuación). Obligaciones con relación al objeto
VIII. Clasificación de las obligaciones (continuación). Obligaciones con relación al objeto
IX. Clasificación de las obligaciones (continuación). Obligaciones de sujeto plural

TOMO II
X. Dinámica de la relación jurídica obligatoria
XI. Dinámica de la relación jurídica obligatoria (continuación). Teoría general del cumplimiento de la obligación
XII. Dinámica de la relación jurídica obligatoria (continuación). Teoría general del incumplimiento obligacional
XIII. Dinámica de la relación jurídica obligatoria (continuación). Tutela satisfactiva y resolutoria del crédito
XIV. Dinámica de la relación jurídica obligatoria (continuación). Tutela conservatoria del crédito
XV. Dinámica de la relación jurídica obligatoria (continuación). Tutela conservatoria del crédito

TOMO III
XVI. Incumplimiento no imputable al deudor
XVII. Dinámica de la obligación. Modificación, transmisión y reconocimiento de las obligaciones
XVIII. Extinción de las obligaciones
XIX. Extinción de las obligaciones (continuación)
XX. Extinción de las obligaciones (continuación)
XXI. Extinción de las obligaciones (continuación)
XXII. Extinción de las obligaciones (continuación)

TOMO IV
XXIII. Modos extintivos
XXIV. Fuentes de las obligaciones en particular
XXV. Fuentes de las obligaciones en particular (continuación)

La sanción del Código Civil y Comercial ha provocado un profundo impacto en el Derecho argentino. Importó la culminación de un proceso de larga data orientado a reemplazar los viejos Códigos Civil y de Comercio por un cuerpo normativo más moderno, acorde con la realidad que vive nuestra sociedad ya entrada en el tercer milenio.

La reforma integral ha tenido adeptos y detractores. El Anteproyecto de Bibiloni, el Proyecto de 1936, el Anteproyecto de 1954 y el Proyecto de 1998 -todos excelentes- se vieron malogrados por la resistencia de gran parte de la doctrina argentina a sustituir integralmente la antigua legislación por otra nueva.

Nosotros creemos que la reforma integral era una necesidad impostergable. Seguir reformando parcialmente dos códigos decimonónicos, pensados para otra realidad y para otra sociedad, abismalmente distinta de la que hoy tenemos, importaba un proceder equivocado, tributario de ideas en extremo conservadoras, insostenible en la hora actual. Como enseñaba Llambías, un código es un todo orgánico y sistemático "en el que cada precepto llena la función de un pequeño engranaje de relojería. Si en ese mecanismo se desmontan algunas piezas y se las sustituye por otras de distinto calibre, quedará resentido el dispositivo total". Por eso, si las reformas que deben introducirse son de poca importancia, lo mejor es no tocarlo o hacerlo en la menor medida posible. En cambio, si son relevantes, lo aconsejable es pensar en una reforma integral. Tal como, con buen criterio, se ha hecho en Argentina.

El nuevo Código Civil y Comercial, como toda obra humana, tiene fortalezas y debilidades. Es imposible hacer un código que nos guste a todos, en todo. Con virtudes y defectos, representa una instancia largamente superadora de lo que teníamos.

No pocos operadores jurídicos piensan que su sanción importa tirar por la borda bibliotecas enteras que contienen décadas de doctrina y jurisprudencia elaboradas en derredor de los códigos anteriores, y que con ello se ha perdido o malogrado gran parte del pensamiento jurídico nacional, forjado en torno de aquellos textos, hoy derogados. Ellos hubieran preferido seguir con reformas parciales, con remiendos a los viejos códigos, tal como lo ha hecho el Código Civil francés, en la convicción de que por esa vía se preserva todo lo anterior, y se mantiene la lozanía y vigencia de las bibliotecas. Es una idea equivocada, claramente antihistórica, que pierde de vista que la esencia de un sistema, de su doctrina, de su jurisprudencia y de su tradición, no se encuentra en el número de los artículos, sino en sus instituciones. y que un importante número de éstas se mantienen, evolucionan y consolidan en el nuevo código a partir de raíces que anidan en los cuerpos sustituidos. Cambiar un código por otro importa, en nuestro caso, receptar de manera sistemática los progresos que la ciencia jurídica ha logrado a lo largo de todos estos años, integrando armoniosamente los perfeccionamientos de la doctrina y la jurisprudencia, poniéndolos al servicio de una sociedad nueva que requiere de instrumentos jurídicos acordes a la realidad que vivimos. La experiencia francesa debería llamar la atención a quienes proclaman tales ideas. El Código Civil francés actual es hoy -aquí y ahora- un cuerpo normativo que tiene enormes diferencias con el que fue sancionado en 1804. Originariamente se dividía en tres libros, hoy tiene cinco. Fue objeto de importantes reformas en materia patrimonial y extrapatrimonial, la última de las cuales, vinculada directamente con el tema central de esta obra y con el Derecho de los Contratos, es verdaderamente significativa y termina por desdibujar definitivamente el sistema originario. En verdad, es poco lo que formalmente queda de aquel monumento jurídico de 1804. Quien bucee en el código de Francia vigente advertirá los serios inconvenientes que significa armonizar los antiguos textos que subsisten (cada vez menos) con el mosaico normativo que modificó aquéllos. Esto no es de buena técnica legislativa. Es temor a una reforma integral por equivocado apego a preconceptos y a la tradición.

Nuestra obra pretende analizar el Derecho de las Obligaciones a la luz del nuevo código y edificar los puentes necesarios entre éste y los códigos derogados. Finalidad perseguida: analizar el nuevo sistema, determinar qué instituciones del régimen anterior mantienen lozanía y cuáles se han modificado. Esta labor debe ser realizada comenzando la edificación de nuestro puente desde la orilla del nuevo código hacia la de los viejos códigos y no a la inversa.

Estamos en el inicio de una nueva era que representa un enorme desafío para todos los operadores jurídicos. Es indispensable que los espíritus se serenen y se orienten a un análisis detenido y profundo del nuevo código, que permita potenciar sus virtudes (que son muchas) y paliar sus defectos (que también existen y son inevitables en toda obra humana). Que doctrina y jurisprudencia modulen su letra y espíritu poniendo en evidencia una vez más que el Derecho es una obra colectiva, dinámica y siempre inacabada. O, mejor aún, una coproducción en la que intervienen siempre distintos protagonistas, cada uno de los cuales aporta lo suyo para el resultado final.

Ése es el espíritu que anima a esta obra, que plasma nuestra primera visión del Derecho de las Obligaciones en el nuevo código.