INFORMACIÓN Y CONOCIMIENTO HACIA UN NUEVO PARADIGMA EDUCATIVO

Editorial:
FLORES EDITOR Y DISTRIBUIDOR
Año de edición:
ISBN:
978-607-610-607-5
Páginas:
147
Encuadernación:
Rústica
Colección:
AUTORAL

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Las similitudes latinoamericanas (y quizá estereotipadas) en los ámbitos social, económico y político no se pueden negar. Por lo general, identificamos a nuestros países por tener una estabilidad económica endeble, bajos niveles de integración y cohesión social, altos índices de pobreza y frustración por no poder salir de ésta, la división de la economía es desproporcionada y la acumulan solamente unas cuantas familias. Por último y quizá lo más importante: una educación de su población que deja mucho que desear, debido a las débiles políticas públicas por parte de los gobiernos latinoamericanos, así como un sistema corrupto que permite que los recursos destinados a mejorar la educación de nuestros países, se desvíen fácilmente. Otra puesta en común que nos caracteriza son los servicios de salud de muy mala calidad, así como la protección social. Tal pareciera que las políticas públicas económicas y educativas no han ido de la mano. En la década de los noventa, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), propuso su “Transformación productiva con equidad”, su objetivo principal era precisamente el desarrollo de América Latina y el Caribe en el año de 1990. Si bien, ésta no tuvo un impacto de mayor relevancia sí sentó las bases para que se pudiera analizar al menos la situación socioeconómica y educativa de la región de América Latina y el Caribe. Posterior a este documento, no se ha revelado ningún otro con las características e impacto que tuvo “Transformación productiva con equidad”. ¿Por qué fue importante esta propuesta? La considero importante y de gran relevancia, ya que su propio objetivo lo es: “[…] formular una propuesta estratégica para contribuir a crear, en el siglo XXI, condiciones educacionales, de capacitación y de incorporación al progreso científico-tecnológico que hicieran posible la transformación de las estructuras productivas de la región en el marco de una progresiva equidad social” (CEPAL-UNESCO, 1992). Luego entonces, en el papel los sistemas educativos latinoamericanos y los esfuerzos de organismos como la UNESCO y la CEPAL no sólo son interesantes sino muy completos y se podría decir que muy novedosos. Sin embargo, ¿qué está pasando que no se pueden llevar a la práctica o mejor dicho, que no están generando los resultados esperados? Inicio respondiendo a esta pregunta con lo que para un servidor es la clave de la falta de un adelanto significativo en el ámbito educativo y me refiero al debilitamiento de la condición económica de los países latinoamericanos, la todavía presente brecha digital, la falta de políticas públicas que vayan encaminadas a la comprensión y desarrollo de verdaderos aprendizajes y no sólo contenidos, al privilegiar (aunque suene contradictorio) las políticas públicas recomendadas por los entes internacionales sobre las políticas públicas propias, entre otras tantas fallas detectadas en los sistemas educativos. La gran mayoría de nuestros países está en una espiral inflacionaria y en un desequilibro financiero, con una deuda externa incontrolable, así como la interna. En conclusión, la falta de políticas económicas y financieras sanas y con verdaderas miras hacia el crecimiento económico de los países de América Latina no han permitido invertir en educación como lo ha propuesto la CEPAL o la misma UNESCO. Los recursos financieros se desvían hacia “ayudas sociales” que no se ven reflejadas en la educación. Es decir, es preferible para nuestros gobiernos apoyar a la sociedad más vulnerable con subsidios y entregas de alimentos y vivienda precaria que invertir en educación y promover que sea ésta la que impulse a la sociedad a salir de la pobreza. A todo esto, le sumamos que los países latinoamericanos no hemos podido marchar de una manera ordenada hacia las nuevas tendencias que en educación se requieren en el siglo XXI, no hemos podido transitar de un modelo pedagógico —como lo es el conductismo— a pesar de los grandes esfuerzos que centros escolares y docentes hacen por lograr los aprendizajes adecuados en los alumnos que tienen a su cargo. Asimismo, nuestros países han confundido cantidad con calidad.